sábado, 21 de septiembre de 2013

Ir (se)

Todo podría haber empezado de otra manera, pero si soy franca no sé cuándo comenzó. Tengo el recuerdo de despertar esa mañana con el pecho apretado, como tantas otras veces, y de haberlo tomado tan natural como siempre, como lo hacía hace unos años. No me imaginé que iba a ser distinto, siempre eran las mismas palabras y pensamientos, quizá en distinto orden o igual pero era siempre lo mismo. Llame en vano a mucha gente, nadie me respondió y me sentí sumergida en una soledad triste (aclaro qué tipo de soledad, porque hay soledades maravillosas, que nos sanan de tanto daño ajeno que es preferible ser una misma la única compañía). Me obligue a dormirme y no pude, me prometí no llorar y no pude cumplirlo. Me vi encerrada en mi misma, en esa cama que tantas veces me acaricio cuando ningún ser humano se atrevió a hacerlo. Y la peor de las claustrofobias fue, en ese instante, sentirme tan prisionera de este cuerpo. No quería más, no podía salir, enredada entre tanto hueso, musculo, pellejo, carne y células tan vivas como muertas. El corazón, este corazón que latía por mecanismo puro más que por ganas propias, se aceleró tanto que hizo que mi complejo laberinto mental se sintiera prisionero de falsedades y verdades.
Y ahí, en ese preciso instante es donde otra vez olvido por completo mi existencia humana, donde no recuerdo dónde estaba y no me refiero físicamente si no, ¿dónde estaba mi ser? Después de tantas veces que me pasó he pensado que es de las cosas mas lindas que logra mi forma terrícola, pero me encantaría escaparme de esa manera siendo consiente y en un momento de trance tranquilo y sereno, no cuando estoy ahogándome en mi propio dolor, aunque sea saber cuál es el secreto así lo hago cada vez que quiero irme. Ahora venía el momento más raro, ese momento que vuelvo, no sé bien como llamarlo, no sé bien como describirlo pero volví como siempre, vuelvo. Me llene de preguntas, de enigmas sin una respuesta, nadie podía asegurarme que era lo que me pasaba. Como hace un tiempo estas cosas ya eran naturales para mí, y como esta vez me había ido en mi cama y me re incorporé en la cocina de mi casa no me asuste tanto, las veces que me había pasado en la calle no podía controlar el miedo y esta vez me sentía segura que por lo menos si estaba dañada el daño me lo había hecho nada más que yo. Con un poco de nervios puse unos discos y me recosté en el sillón, con los ojos bien abiertos me vinieron imágenes preciosas, con una luz dulce y serena, me tranquilice. Sinceramente no tenía motivo para estar tranquila, y sabiendo las cosas que pasan en el mundo tampoco tuve nunca motivos para estar triste como lo estaba hace tanto tiempo. Me deje viajar por esas fotografías mentales, mi mente estaba llena de fotos que mis ojos rebelaban para que no me sienta tan débil y frágil, me estaba mimando sola, creo que la soledad en la que nacemos es la soledad que nos vemos perpetuamos para toda la vida y depende de uno transitar sanamente este proceso.
Recordé borrosamente una frase que le dije a un ser amado cuando era apenas una nena, algo de un Arco Iris y de ir o bajar siempre por ese lado. Sé que lo había dicho desde mi interior porque no tenía idea de los sentimientos humanos, todavía era chica y por suerte tenía más de parte espiritual que mental, y decidí comenzar a caer, a bajar por ese lado Arco Iris pero esta vez, mi lado Arco Iris, que siempre me costaba encontrar. No resulta necesario para el relato pero quisiera aclarar que fácilmente bajo por este lado de las personas que me rodean, es la manera más dulce que encontré para transitar las relaciones humanas, aunque a veces cueste.
Tantas veces, desde que era una adolescente había imaginado mi muerte o mi traspaso vital de otra manera, maneras tan sádicas y repugnantes de esas que las películas nos ponen en la cabeza, de esas que la moral humana las ve mal. Juro y re juro que no entiendo qué pasó, me fui. Sentí una paz tan plena, tanta tranquilidad que no me interesó el sufrimiento que pueda causar a los que me querían en la tierra y sinceramente no sé si alguien me extrañaría pero poco me interesaba y cuánta satisfacción me daba el desinterés.
 Esa mañana podría haber sido como todas mis mañanas, triste y nostálgica. No sé si estoy contando bien las cosas, no sé si podrán entender, me cuesta mucho explicar todo esto porque no me alcanzan las palabras para volcar detalladamente sobre el papel todo lo que sentí.


Haciendo un resumen de ese día (quizás con lo que conté los hice perderse) puedo decir que me desperté triste, entre en “trance”, volví de mi laguna mental, me sumergí en esas imágenes bajando lentamente por mi oculto lado Arco Iris y me fui del mundo material, sentí la completa calma, el equilibrio, la serenidad. Me mantuve así, quién sabe cuánto tiempo y de un momento a otro “desperté” frente a una librería enorme de la ciudad, estoy segura que no fue la laguna cerebral que me pasaba reiteradas veces y que incluso había vuelto a experimentar esa mañana, esta vez tenía otro sabor, ¡me había ido!. Camine unas cuadras sin importar el destino, y no sabía cómo encarar las cosas porque haberme ido no me solucionaba mi problema existencial en el planeta, pero ya no sentía presión por nada ni por nadie y eso era realmente lo que buscaba hace tanto tiempo. 

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