miércoles, 30 de abril de 2014

Habitar(nos)

Esta mañana iba sigilosamente caminando, tratando de distinguir cada parte del cuerpo, con un poco de temor que alguien externo se diera cuenta lo que estaba haciendo. Trate de poner el cerebro, el mecanismo del hacer una acción en pequeños lugares, un dedo, un musculo, una vertebra, el recorrido de la sangre en alguna vena. En un momento me detuve en una molécula de una célula en mi pulmón, pensé inmediatamente cuan sideral es el cuerpo humano, el cuerpo de algún animal, el cuerpo con vida, sideralismo vital.
Seguí caminando por la calle, la mirada mental alejo el zoom de donde estaba parada.
Yo rígida, casi temerosa apretando los dientes, en una vereda.
En una calle,
en un barrio,
en una ciudad,
en una provincia,
en un país,
en un continente,
en un planeta,
en un…
Por ahí después de esas nubes, más allá de la luna, se encontraba mi mirar.
Contemple.
Ahora desde afuera y más adentro, le quisiera consultar a esa señora que esta yendo a comprar café, si, esa que tiene tapado rojo, ¿En realidad es consciente de la minusculocidad que es en el espacio?
Aquel hombre enojado porque el auto de adelante no lo deja pasar, ¿sabe que en realidad el sol brilla en un cielo negro infinito?
No puedo dejar de observar la fina capa que nos protege de tanta vastedad, ahí abajo siendo tan pequeños, creyéndonos mas grande que un rayo solar, esta delgada y sencilla línea que veo no es más que el todo, celeste e interminable, incontable cielo que nos abriga.
¿Cómo explicarles a todos mis pares que no hay palabra, en ningún idioma del planeta que pueda describir tal magnitud?
Volví en un zoom rápido a mi boca, sonreí. Me encontraba parada frente a él, me dio rabia no poder manipularme cada vez que lo veía, si era capaz de viajar y vernos desde una estrella fugaz por qué no podía dominar mis sentidos cuando lo saludaba?
Caminamos apreciando, casi acariciando el silencio, creo que eso era escuchar y entender el lenguaje universal.
Cuando hablábamos y nos mirábamos a los ojos, yo me sentía otra vez divagando las sin fronteras del espacio sideral, me concentraba en su iris, trataba con fuerza hacerle saber que no es necesario que sean claros los ojos, sino, clara la mirada y que ese era el punto de partida de este montón de sensaciones que tenía gracias a sus ojos cósmicos.
Lo peculiar de nuestros encuentros siempre fue la curiosidad y observación por el alrededor y al mismo tiempo interesados nada más que en los cálidos abrazos que nos dábamos por absoluta necesidad elegida y placentera.
Ahora, ambos habitándonos. Cada unos minutos mis ojos corporales lo decodifican, mis mil ojos centrados en su boca. Si todos pudiéramos observar la atmosfera, con la transparencia y ovación que lo hacen los animales, podríamos notar que en cada porción de cielo, el sol nos revela secretos de la inmensidad.
Desde arriba se pueden notar tantas ganas de entender lo que somos y dónde estamos que perdemos de vista que lo único que interesa es mantener el por qué. Si le preguntaran al orbe entero, quizás diría que lo único que nos mantiene erguidos es ser el movimiento, quedarnos perpetuos ahí, en lo movible. Como se mueve aquella estrella velozmente hasta perderse en los misteriosos y magníficos agujeros negros, como se siente cada recorrido sanguíneo en nuestro cuerpo, así.
Hasta que todo sea calma y explote.
Hasta que todo explote y sea calma. 


domingo, 13 de abril de 2014

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Caminaba mecánicamente, observé el cielo y cayó en mis parpados un otoño entre verde y amarillo, volví la mirada al frente, visualice y lo viví.
Aire helado que se localiza con entusiasmo en las orejas, en la nariz, dedos de ambas manos, dedos de ambos pies, todos enrojeciéndose esperando paralizados tu calidez. Pies fríos conducen a no poder dormir y no poder dormir solo decanta a pensar lo impensable. Sumergiéndome en un calor que emerge desde el alma pude concentrarme y salir, quedando encerrada afuera.
Ahora, podía observarte tímidamente. Abrí la botella, mojé levemente los labios, abriendo luego, de a poco, la boca. Dejándolo entrar, logró pintar la lengua y después la garganta con su color intenso, así tiñendo mis próximas palabras de un violeta rojizo. Las letras que dejé escapar, se sentían un poco más libres aunque sujetadas de un abrazo con gusto a.. Supuse que en vos se producía lo mismo. Volqué besos en tu cara, clavé los ojos en tu color y dejé mover el cuerpo hasta que llegue a la evaporación, llevándose toda aceleración y dejando solo sabor.
La brisa que logra lagrimear los globos oculares, sacude los pelos y arrastra hasta nuestros pies hojas de todos los tipos. Para conocer el calor, saqué de lo profundo un aliento, llenando el aire de partículas que salen del propio espíritu que solo se ven con un rayo minúsculo de luz. Enredando mi cuello en una bufanda, tratando así de calentar el frío superficial, intentado reparar afuera lo que no se puede reparar adentro. Pensé en el final y que el único propósito de los finales era disparar nuevos comienzos, alejándome de un gesto peculiar me acercaba a un calor interno hace tiempo abandonado, renaciendo.
Me encontré acurrucándome y lloré. Si vamos a llorar que sea un mar, me dije, y me sumergí tocando el fondo, salí de a poco, y ahora, dirigiéndome a mí, pongámonos a nadar. Lleguemos a donde se va.