Caminaba mecánicamente, observé el cielo y cayó en mis
parpados un otoño entre verde y amarillo, volví la mirada al frente, visualice
y lo viví.
Aire helado que se localiza con entusiasmo en las orejas, en la nariz, dedos de ambas manos, dedos de ambos pies, todos enrojeciéndose esperando paralizados tu calidez. Pies fríos conducen a no poder dormir y no poder dormir solo decanta a pensar lo impensable. Sumergiéndome en un calor que emerge desde el alma pude concentrarme y salir, quedando encerrada afuera.
Ahora, podía observarte tímidamente. Abrí la botella, mojé levemente los labios, abriendo luego, de a poco, la boca. Dejándolo entrar, logró pintar la lengua y después la garganta con su color intenso, así tiñendo mis próximas palabras de un violeta rojizo. Las letras que dejé escapar, se sentían un poco más libres aunque sujetadas de un abrazo con gusto a.. Supuse que en vos se producía lo mismo. Volqué besos en tu cara, clavé los ojos en tu color y dejé mover el cuerpo hasta que llegue a la evaporación, llevándose toda aceleración y dejando solo sabor.
La brisa que logra lagrimear los globos oculares, sacude los pelos y arrastra hasta nuestros pies hojas de todos los tipos. Para conocer el calor, saqué de lo profundo un aliento, llenando el aire de partículas que salen del propio espíritu que solo se ven con un rayo minúsculo de luz. Enredando mi cuello en una bufanda, tratando así de calentar el frío superficial, intentado reparar afuera lo que no se puede reparar adentro. Pensé en el final y que el único propósito de los finales era disparar nuevos comienzos, alejándome de un gesto peculiar me acercaba a un calor interno hace tiempo abandonado, renaciendo.
Me encontré acurrucándome y lloré. Si vamos a llorar que sea un mar, me dije, y me sumergí tocando el fondo, salí de a poco, y ahora, dirigiéndome a mí, pongámonos a nadar. Lleguemos a donde se va.
Aire helado que se localiza con entusiasmo en las orejas, en la nariz, dedos de ambas manos, dedos de ambos pies, todos enrojeciéndose esperando paralizados tu calidez. Pies fríos conducen a no poder dormir y no poder dormir solo decanta a pensar lo impensable. Sumergiéndome en un calor que emerge desde el alma pude concentrarme y salir, quedando encerrada afuera.
Ahora, podía observarte tímidamente. Abrí la botella, mojé levemente los labios, abriendo luego, de a poco, la boca. Dejándolo entrar, logró pintar la lengua y después la garganta con su color intenso, así tiñendo mis próximas palabras de un violeta rojizo. Las letras que dejé escapar, se sentían un poco más libres aunque sujetadas de un abrazo con gusto a.. Supuse que en vos se producía lo mismo. Volqué besos en tu cara, clavé los ojos en tu color y dejé mover el cuerpo hasta que llegue a la evaporación, llevándose toda aceleración y dejando solo sabor.
La brisa que logra lagrimear los globos oculares, sacude los pelos y arrastra hasta nuestros pies hojas de todos los tipos. Para conocer el calor, saqué de lo profundo un aliento, llenando el aire de partículas que salen del propio espíritu que solo se ven con un rayo minúsculo de luz. Enredando mi cuello en una bufanda, tratando así de calentar el frío superficial, intentado reparar afuera lo que no se puede reparar adentro. Pensé en el final y que el único propósito de los finales era disparar nuevos comienzos, alejándome de un gesto peculiar me acercaba a un calor interno hace tiempo abandonado, renaciendo.
Me encontré acurrucándome y lloré. Si vamos a llorar que sea un mar, me dije, y me sumergí tocando el fondo, salí de a poco, y ahora, dirigiéndome a mí, pongámonos a nadar. Lleguemos a donde se va.
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