miércoles, 18 de febrero de 2015

s e n s a c i o n a l mente


Mientras estoy apoyada en su pecho, levanto la mirada y observo 
esas pestañas largas y oscuras como las patitas de arañas, pero tiernas que acarician en el parpadeo mis mejillas y elevan lentamente una mueca asonrisada.
-Quizá inventar palabras es parte de este hormigueo en el pecho, que para describir, todos los diccionarios me quedan chiquititos y absurdos.- 
Las pestañas; que deciden abrirse, dejan al fin ver el diamante color tierra que me penetra y me toca el alma. Momento de magia, logrando así aliviar mis dolores y recibir fuerza para pasar y luchar las cosas más hirientes de este planeta.
Luego, como actividad posterior, sus brazos aprietan con la fuerza justa mi cuerpo que se deja llenar con la calidez necesaria que me transmite por su piel. 
Y ahí con sus labios de fruta, de a poco y sin apuro (aunque queriendonos lamer los rasgos) llena de color mis partes grises.
Cerrando los ojos, siento su respirar y empiezo a sentimientear plenitud.
Existe, es real o así parece. 
Abro los ojos, lo compruebo y vuelvo.
Dejando verbear el alma nos vamos durmiendo, escucho su
toc-
toc-
toc-
toc- 
que es mi canción de cuna hoy.
De lejos se escucha una vibración conjunta, como el galope de dos caballos libres, que van.
Y una brisa perfuma las pieles,
corazoneando
de
a
dos. 

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