Hay una sensación suspendida en el aire, la
expulso desde adentro y solo queda cerca mío para nunca terminar. ¿Cómo volarme
la cabeza sin derramar sangre?
Todos dicen que fue sin querer, que nunca es a propósito y como está
reglamentado que la ilusidad me abarca, debo creer y confiar en esas palabras,
tengo la obligación de perdonar, de que todo esté en armonía. Pero a propósito
o sin querer, acá me arde, me duele y retuerce el no poder salir.
Puedo hoy escuchar discos enteros, enterrar la cabeza en una almohada y fumar
por la nariz pero en cuanto me descuide vuelve la sensación, la respiro y me
sacude, me golpea, me llena de soledad. Seguramente tenes las agallas para
decir que lo comprendes, que te pasó y que lo viviste y a mí eso en qué me
ayuda si esta sensación es su culpa y es mía.
(Por lo bajo gritan que tampoco
interesan los culpables)
Mañana seguramente me sienta mejor pero que triste es saber que aunque pase, nunca sanará. Mi cuerpo
registra cada sensación, me hace recordar las heridas que dejé pasar sin sanar y
puedo estar sentada en una silla mirando el mar a través de una ventana mental
pero en algún lugar se encuentra y vuelve a florecer para remarcarme este
pedazo de infelicidad que es mi carne.
Alguien ya lo ha dicho. Los cuerpos
fríos después del desastre advierten todo mal, serás bueno, serás comprensiva,
no tendrás la culpa de mi inestabilidad pero te grito y te ruego que me ayudes
a salir, te encanta dejarme morir.
Quiero encontrar un jardín, donde el pasto me refresque los pies y caigan sobre
mi piel todos los pétalos y hojas sin que el árbol se quede seco. Quiero poder
sentir la plenitud sin depender de un ser que razona, ni siquiera de mí. ¿Por
qué no poder tener la autenticidad de aquella flor, perfecta y pura?
Tus ojos no paran de juzgarme y el espejo me hace lo mismo.
Tu boca ya no quiere inventar métodos para sentirme mejor y la mía ni siquiera
tiene aliento.
Me tiemblan las manos y en ninguna noche puedo dormir. Envidio las raíces de
esa maceta, que están ahí sin que nadie las vea. Me pierdo en un delirio que solo
tiene mi mente, no va más pero no puedo parar.
¡Dejen en paz al núcleo de la tierra! No intenten analizarlo ni querer llegar a
él, está ahí, es real, disfrutando ser sin recibir, ni dar y estos descuidados
se empecinan en saber más. Como me
gustaría ocupar su lugar.
Hay una puerta que da al patio, una que da a un parral y otra en la que se
vuelve al lugar actual. No me quiero
conformar y tampoco se cambiar, me encerraron el alma mucho antes de que
supiera hablar. Otro más como Canterville ¿Cuántos hay?
Me hablas a los ojos intentado hacerme creer, pero no me ves, nunca me
viste. ¿Será por mi falta de
transparencia o por tu coraza espejada?
No soporto las injusticias pero soy tan injusta y destructiva conmigo que por
eso no te bancas mis contradicciones y te vas y me dejas. ¿Te olvidaste que las
tuyas también existen?
Ahora estoy tirada, con las mejillas saladas, mirando un punto en el espacio. Dura,
fría y tenebrosa.
Dejé la realidad y volé al interior de mi vientre.
Lo cálido luego volverá a helarme los huesos.
sábado, 22 de noviembre de 2014
Presencia a la memoria.
Mi habitación,
sin dormir pensando en mañana.
Nuestros ideales,
pasiones
eran nuestros actos,
nuestra respiración.
Si algo estaba débil
nosotros nos multiplicábamos,
por la libertad.
Hacíamos,
pero a veces había miedo.
Si había que dar la vida,
estábamos dispuestos.
Afuera,
un Falcon verde.
Me despojaron de mi habitación,
de la vida.
Encerraron mi cuerpo.
Mis ideales no.
(Viven en vos)
Mi nombre, prohibido
no me nombres,
no te quiero acá.
Escribime en las paredes,
contale a todos,
memoria.
Apreté las muelas,
contuve dolor.
Pensé en mamá,
sabía que su lucha iba a empezar.
No iba a entregar a nadie.
Me lastimaron,
pensando que ahí acaba el amor.
29999 más yo.
¿Subversión?
Rebeldía.
Revolución.
Un pueblo de pie,
sin olvidarnos,
luchando.
sin dormir pensando en mañana.
Nuestros ideales,
pasiones
eran nuestros actos,
nuestra respiración.
Si algo estaba débil
nosotros nos multiplicábamos,
por la libertad.
Hacíamos,
pero a veces había miedo.
Si había que dar la vida,
estábamos dispuestos.
Afuera,
un Falcon verde.
Me despojaron de mi habitación,
de la vida.
Encerraron mi cuerpo.
Mis ideales no.
(Viven en vos)
Mi nombre, prohibido
no me nombres,
no te quiero acá.
Escribime en las paredes,
contale a todos,
memoria.
Apreté las muelas,
contuve dolor.
Pensé en mamá,
sabía que su lucha iba a empezar.
No iba a entregar a nadie.
Me lastimaron,
pensando que ahí acaba el amor.
29999 más yo.
¿Subversión?
Rebeldía.
Revolución.
Un pueblo de pie,
sin olvidarnos,
luchando.
jueves, 11 de septiembre de 2014
ZzzzZ
Debería
empezar.
Nunca sé cómo.
Nunca empiezo en el horario debido,
ni en el estado que se recomienda.
Pero a vos no te molesta.
Me dejaste como quiero.
Me gusta tu voz, si.
Y tu manera de brillar.
Una locura que volando va, colocando mis pies en la tierra.
Y tus ojos delicados, que guardan todos mis secretos.
Adentro tuyo, mil maneras de asfixiarse, callarse.
Lo números caen desde lo alto, muy alto.
Se impactan en el suelo, los junto, los cuento,
los pinto.
Se aprieta tu piel contra la mía y la fuerza muscular
no une.
Se abren mis piernas y en efecto dominó mi boca, la tuya.
En cambio, los parpados se cierran.
El tacto se sensibiliza y todavía no aprendimos a comer.
Se bebe, se fuma.
Ya no se quieren porque hay más.
Menos mucho menos.
Confusión.
Afuera, el Sol
la lluvia
el viento.
Adentro, el calor
la humedad
las respiraciones.
Me voy, porque el reencuentro es fascinación.
Creemos entender, pero no son más que zapateadas en el pecho.
Ahora sí, amo alucinar que me escuchas.
Hablo, se bebe y se fuma
Hablo, se vuelve a tomar.
Hablo, otra pitada más.
Hablohablohablo
Así se entiende la gente.
(NO, NO SIEMPRE)
Ahora que se abran mis oídos
Mis piernas se apoyan en las tuyas
y te escucho.
Quiero verte entrar, que te quedes.
Y que te vayas cuando eso te haga feliz.
Pero esta vez
no me olvido de la mía.
Anda,
cumplí,
hace
lo que te de la gana.
También (de algún modo)
va a estar
bien.
Nunca sé cómo.
Nunca empiezo en el horario debido,
ni en el estado que se recomienda.
Pero a vos no te molesta.
Me dejaste como quiero.
Me gusta tu voz, si.
Y tu manera de brillar.
Una locura que volando va, colocando mis pies en la tierra.
Y tus ojos delicados, que guardan todos mis secretos.
Adentro tuyo, mil maneras de asfixiarse, callarse.
Lo números caen desde lo alto, muy alto.
Se impactan en el suelo, los junto, los cuento,
los pinto.
Se aprieta tu piel contra la mía y la fuerza muscular
no une.
Se abren mis piernas y en efecto dominó mi boca, la tuya.
En cambio, los parpados se cierran.
El tacto se sensibiliza y todavía no aprendimos a comer.
Se bebe, se fuma.
Ya no se quieren porque hay más.
Menos mucho menos.
Confusión.
Afuera, el Sol
la lluvia
el viento.
Adentro, el calor
la humedad
las respiraciones.
Me voy, porque el reencuentro es fascinación.
Creemos entender, pero no son más que zapateadas en el pecho.
Ahora sí, amo alucinar que me escuchas.
Hablo, se bebe y se fuma
Hablo, se vuelve a tomar.
Hablo, otra pitada más.
Hablohablohablo
Así se entiende la gente.
(NO, NO SIEMPRE)
Ahora que se abran mis oídos
Mis piernas se apoyan en las tuyas
y te escucho.
Quiero verte entrar, que te quedes.
Y que te vayas cuando eso te haga feliz.
Pero esta vez
no me olvido de la mía.
Anda,
cumplí,
hace
lo que te de la gana.
También (de algún modo)
va a estar
bien.
martes, 13 de mayo de 2014
Como el agua.
Letras unidas que forman palabras y entre ellas oraciones
que rigen una cohesión, con el simple fin de comunicarnos y entendernos.
¿Y la música?
Ahí viene entonces su historia, la nuestra, el arte. Viento, olas, el latido de los corazones, nuestra respiración, permanente orquesta sinfónica que nos mueve en forma de vida, suponiendo así que la vida tiene forma.
¿Cómo puede ser qué “el mejor amigo del hombre” no hable nuestro idioma?
Ahí están ellos en su total y absoluta manera de habitar. Su mirar no resuelve pero calma y estabiliza cualquier estado humano fuera de sí, comido por un sistema, por un diccionario. Sus besos, lenguas que luego de pasar por sus genitales nos envuelve la cara, acto de agradecimiento a veces despreciado, otras alabado. Su pata sobre nuestra mano, nuestra pierna, pide caricias. Acá se nota un caso común y particular; tantos humanos que hablan de la misma manera no se encuentran, aun así, teniéndose enfrente. Vaya uno a saber por qué. Quizá por cuestiones de simple timidez o cualquier definición psicológica que quieran adjudicarle, habiendo más palabras que partículas, no pueden decirse lo que perciben y sienten. Pero con inmediatez aman y abrazan a un perro que con total naturaleza amorosa le pone el hocico cerca. Desgarrador para el humano aquel momento en que ese animal, el perro, deja el cuerpo de cuatro patas y va quién sabe dónde, lo único que pedimos es que ojalá se haya dado cuenta cuánto amor me hizo florecer en cada molécula.
Esto por supuesto, hablando de un caso en donde una mascota, es contenido y cuidado por un hombre o una mujer.
La calle, colmada de estos seres, terroríficamente humanizados, cargados de dolor, frio y hambre.
Así como ellos, todo animal. Que luego devoramos con nuestros dientes cual león a una cebra pero claro, cocinado con incontables gramos de sal y en un plato de bazar delicado
Y así, todo animal sacrificado para productos de una necesidad impuesta.
Vuelvo, respiro y percibo.
No somos más que emisores, no de palabras, sino de sensaciones. Que se filtran por los oídos, por los poros, por la sensibilidad que abarcan las yemas de los dedos.
A veces te veo en una línea creciente como la de la luz que se filtra por cada huequito posible, pasa que para ella todo es alcanzable si la dejan entrar, el tema está en nuestro laberinto cerebral que no da la posibilidad. Te veo y siento tu calidez, tu lucidez. Caos y equilibrio permanente, eso somos. Individualmente, en conjunto, de a dos, vos y yo.
Nacimos seres solitarios, moriremos de la misma manera, solos… pero en el medio, este montón de movimientos que nos conecta, nos desplaza.
¿Acaso somos más que energía fluyendo en un ciclo constante? ¿Poca cosa?
No es más que la acumulación de instantes energéticos sin otro fin que fluir.
¿Y la música?
Ahí viene entonces su historia, la nuestra, el arte. Viento, olas, el latido de los corazones, nuestra respiración, permanente orquesta sinfónica que nos mueve en forma de vida, suponiendo así que la vida tiene forma.
¿Cómo puede ser qué “el mejor amigo del hombre” no hable nuestro idioma?
Ahí están ellos en su total y absoluta manera de habitar. Su mirar no resuelve pero calma y estabiliza cualquier estado humano fuera de sí, comido por un sistema, por un diccionario. Sus besos, lenguas que luego de pasar por sus genitales nos envuelve la cara, acto de agradecimiento a veces despreciado, otras alabado. Su pata sobre nuestra mano, nuestra pierna, pide caricias. Acá se nota un caso común y particular; tantos humanos que hablan de la misma manera no se encuentran, aun así, teniéndose enfrente. Vaya uno a saber por qué. Quizá por cuestiones de simple timidez o cualquier definición psicológica que quieran adjudicarle, habiendo más palabras que partículas, no pueden decirse lo que perciben y sienten. Pero con inmediatez aman y abrazan a un perro que con total naturaleza amorosa le pone el hocico cerca. Desgarrador para el humano aquel momento en que ese animal, el perro, deja el cuerpo de cuatro patas y va quién sabe dónde, lo único que pedimos es que ojalá se haya dado cuenta cuánto amor me hizo florecer en cada molécula.
Esto por supuesto, hablando de un caso en donde una mascota, es contenido y cuidado por un hombre o una mujer.
La calle, colmada de estos seres, terroríficamente humanizados, cargados de dolor, frio y hambre.
Así como ellos, todo animal. Que luego devoramos con nuestros dientes cual león a una cebra pero claro, cocinado con incontables gramos de sal y en un plato de bazar delicado
Y así, todo animal sacrificado para productos de una necesidad impuesta.
Vuelvo, respiro y percibo.
No somos más que emisores, no de palabras, sino de sensaciones. Que se filtran por los oídos, por los poros, por la sensibilidad que abarcan las yemas de los dedos.
A veces te veo en una línea creciente como la de la luz que se filtra por cada huequito posible, pasa que para ella todo es alcanzable si la dejan entrar, el tema está en nuestro laberinto cerebral que no da la posibilidad. Te veo y siento tu calidez, tu lucidez. Caos y equilibrio permanente, eso somos. Individualmente, en conjunto, de a dos, vos y yo.
Nacimos seres solitarios, moriremos de la misma manera, solos… pero en el medio, este montón de movimientos que nos conecta, nos desplaza.
¿Acaso somos más que energía fluyendo en un ciclo constante? ¿Poca cosa?
No es más que la acumulación de instantes energéticos sin otro fin que fluir.
miércoles, 30 de abril de 2014
Habitar(nos)
Esta mañana
iba sigilosamente caminando, tratando de distinguir cada parte del cuerpo, con
un poco de temor que alguien externo se diera cuenta lo que estaba haciendo.
Trate de poner el cerebro, el mecanismo del hacer una acción en pequeños
lugares, un dedo, un musculo, una vertebra, el recorrido de la sangre en alguna
vena. En un momento me detuve en una molécula de una célula en mi pulmón, pensé
inmediatamente cuan sideral es el cuerpo humano, el cuerpo de algún animal, el
cuerpo con vida, sideralismo vital.
Seguí caminando por la calle, la mirada mental alejo el zoom de donde estaba parada.
Yo rígida, casi temerosa apretando los dientes, en una vereda.
En una calle,
en un barrio,
en una ciudad,
en una provincia,
en un país,
en un continente,
en un planeta,
en un…
Por ahí después de esas nubes, más allá de la luna, se encontraba mi mirar.
Contemple.
Ahora desde afuera y más adentro, le quisiera consultar a esa señora que esta yendo a comprar café, si, esa que tiene tapado rojo, ¿En realidad es consciente de la minusculocidad que es en el espacio?
Aquel hombre enojado porque el auto de adelante no lo deja pasar, ¿sabe que en realidad el sol brilla en un cielo negro infinito?
No puedo dejar de observar la fina capa que nos protege de tanta vastedad, ahí abajo siendo tan pequeños, creyéndonos mas grande que un rayo solar, esta delgada y sencilla línea que veo no es más que el todo, celeste e interminable, incontable cielo que nos abriga.
¿Cómo explicarles a todos mis pares que no hay palabra, en ningún idioma del planeta que pueda describir tal magnitud?
Volví en un zoom rápido a mi boca, sonreí. Me encontraba parada frente a él, me dio rabia no poder manipularme cada vez que lo veía, si era capaz de viajar y vernos desde una estrella fugaz por qué no podía dominar mis sentidos cuando lo saludaba?
Caminamos apreciando, casi acariciando el silencio, creo que eso era escuchar y entender el lenguaje universal.
Cuando hablábamos y nos mirábamos a los ojos, yo me sentía otra vez divagando las sin fronteras del espacio sideral, me concentraba en su iris, trataba con fuerza hacerle saber que no es necesario que sean claros los ojos, sino, clara la mirada y que ese era el punto de partida de este montón de sensaciones que tenía gracias a sus ojos cósmicos.
Lo peculiar de nuestros encuentros siempre fue la curiosidad y observación por el alrededor y al mismo tiempo interesados nada más que en los cálidos abrazos que nos dábamos por absoluta necesidad elegida y placentera.
Ahora, ambos habitándonos. Cada unos minutos mis ojos corporales lo decodifican, mis mil ojos centrados en su boca. Si todos pudiéramos observar la atmosfera, con la transparencia y ovación que lo hacen los animales, podríamos notar que en cada porción de cielo, el sol nos revela secretos de la inmensidad.
Desde arriba se pueden notar tantas ganas de entender lo que somos y dónde estamos que perdemos de vista que lo único que interesa es mantener el por qué. Si le preguntaran al orbe entero, quizás diría que lo único que nos mantiene erguidos es ser el movimiento, quedarnos perpetuos ahí, en lo movible. Como se mueve aquella estrella velozmente hasta perderse en los misteriosos y magníficos agujeros negros, como se siente cada recorrido sanguíneo en nuestro cuerpo, así.
Hasta que todo sea calma y explote.
Hasta que todo explote y sea calma.
Seguí caminando por la calle, la mirada mental alejo el zoom de donde estaba parada.
Yo rígida, casi temerosa apretando los dientes, en una vereda.
En una calle,
en un barrio,
en una ciudad,
en una provincia,
en un país,
en un continente,
en un planeta,
en un…
Por ahí después de esas nubes, más allá de la luna, se encontraba mi mirar.
Contemple.
Ahora desde afuera y más adentro, le quisiera consultar a esa señora que esta yendo a comprar café, si, esa que tiene tapado rojo, ¿En realidad es consciente de la minusculocidad que es en el espacio?
Aquel hombre enojado porque el auto de adelante no lo deja pasar, ¿sabe que en realidad el sol brilla en un cielo negro infinito?
No puedo dejar de observar la fina capa que nos protege de tanta vastedad, ahí abajo siendo tan pequeños, creyéndonos mas grande que un rayo solar, esta delgada y sencilla línea que veo no es más que el todo, celeste e interminable, incontable cielo que nos abriga.
¿Cómo explicarles a todos mis pares que no hay palabra, en ningún idioma del planeta que pueda describir tal magnitud?
Volví en un zoom rápido a mi boca, sonreí. Me encontraba parada frente a él, me dio rabia no poder manipularme cada vez que lo veía, si era capaz de viajar y vernos desde una estrella fugaz por qué no podía dominar mis sentidos cuando lo saludaba?
Caminamos apreciando, casi acariciando el silencio, creo que eso era escuchar y entender el lenguaje universal.
Cuando hablábamos y nos mirábamos a los ojos, yo me sentía otra vez divagando las sin fronteras del espacio sideral, me concentraba en su iris, trataba con fuerza hacerle saber que no es necesario que sean claros los ojos, sino, clara la mirada y que ese era el punto de partida de este montón de sensaciones que tenía gracias a sus ojos cósmicos.
Lo peculiar de nuestros encuentros siempre fue la curiosidad y observación por el alrededor y al mismo tiempo interesados nada más que en los cálidos abrazos que nos dábamos por absoluta necesidad elegida y placentera.
Ahora, ambos habitándonos. Cada unos minutos mis ojos corporales lo decodifican, mis mil ojos centrados en su boca. Si todos pudiéramos observar la atmosfera, con la transparencia y ovación que lo hacen los animales, podríamos notar que en cada porción de cielo, el sol nos revela secretos de la inmensidad.
Desde arriba se pueden notar tantas ganas de entender lo que somos y dónde estamos que perdemos de vista que lo único que interesa es mantener el por qué. Si le preguntaran al orbe entero, quizás diría que lo único que nos mantiene erguidos es ser el movimiento, quedarnos perpetuos ahí, en lo movible. Como se mueve aquella estrella velozmente hasta perderse en los misteriosos y magníficos agujeros negros, como se siente cada recorrido sanguíneo en nuestro cuerpo, así.
Hasta que todo sea calma y explote.
Hasta que todo explote y sea calma.
domingo, 13 de abril de 2014
-
Caminaba mecánicamente, observé el cielo y cayó en mis
parpados un otoño entre verde y amarillo, volví la mirada al frente, visualice
y lo viví.
Aire helado que se localiza con entusiasmo en las orejas, en la nariz, dedos de ambas manos, dedos de ambos pies, todos enrojeciéndose esperando paralizados tu calidez. Pies fríos conducen a no poder dormir y no poder dormir solo decanta a pensar lo impensable. Sumergiéndome en un calor que emerge desde el alma pude concentrarme y salir, quedando encerrada afuera.
Ahora, podía observarte tímidamente. Abrí la botella, mojé levemente los labios, abriendo luego, de a poco, la boca. Dejándolo entrar, logró pintar la lengua y después la garganta con su color intenso, así tiñendo mis próximas palabras de un violeta rojizo. Las letras que dejé escapar, se sentían un poco más libres aunque sujetadas de un abrazo con gusto a.. Supuse que en vos se producía lo mismo. Volqué besos en tu cara, clavé los ojos en tu color y dejé mover el cuerpo hasta que llegue a la evaporación, llevándose toda aceleración y dejando solo sabor.
La brisa que logra lagrimear los globos oculares, sacude los pelos y arrastra hasta nuestros pies hojas de todos los tipos. Para conocer el calor, saqué de lo profundo un aliento, llenando el aire de partículas que salen del propio espíritu que solo se ven con un rayo minúsculo de luz. Enredando mi cuello en una bufanda, tratando así de calentar el frío superficial, intentado reparar afuera lo que no se puede reparar adentro. Pensé en el final y que el único propósito de los finales era disparar nuevos comienzos, alejándome de un gesto peculiar me acercaba a un calor interno hace tiempo abandonado, renaciendo.
Me encontré acurrucándome y lloré. Si vamos a llorar que sea un mar, me dije, y me sumergí tocando el fondo, salí de a poco, y ahora, dirigiéndome a mí, pongámonos a nadar. Lleguemos a donde se va.
Aire helado que se localiza con entusiasmo en las orejas, en la nariz, dedos de ambas manos, dedos de ambos pies, todos enrojeciéndose esperando paralizados tu calidez. Pies fríos conducen a no poder dormir y no poder dormir solo decanta a pensar lo impensable. Sumergiéndome en un calor que emerge desde el alma pude concentrarme y salir, quedando encerrada afuera.
Ahora, podía observarte tímidamente. Abrí la botella, mojé levemente los labios, abriendo luego, de a poco, la boca. Dejándolo entrar, logró pintar la lengua y después la garganta con su color intenso, así tiñendo mis próximas palabras de un violeta rojizo. Las letras que dejé escapar, se sentían un poco más libres aunque sujetadas de un abrazo con gusto a.. Supuse que en vos se producía lo mismo. Volqué besos en tu cara, clavé los ojos en tu color y dejé mover el cuerpo hasta que llegue a la evaporación, llevándose toda aceleración y dejando solo sabor.
La brisa que logra lagrimear los globos oculares, sacude los pelos y arrastra hasta nuestros pies hojas de todos los tipos. Para conocer el calor, saqué de lo profundo un aliento, llenando el aire de partículas que salen del propio espíritu que solo se ven con un rayo minúsculo de luz. Enredando mi cuello en una bufanda, tratando así de calentar el frío superficial, intentado reparar afuera lo que no se puede reparar adentro. Pensé en el final y que el único propósito de los finales era disparar nuevos comienzos, alejándome de un gesto peculiar me acercaba a un calor interno hace tiempo abandonado, renaciendo.
Me encontré acurrucándome y lloré. Si vamos a llorar que sea un mar, me dije, y me sumergí tocando el fondo, salí de a poco, y ahora, dirigiéndome a mí, pongámonos a nadar. Lleguemos a donde se va.
domingo, 16 de marzo de 2014
Fragancia a Sur.
Un color con temperatura y mucha exposición, adentro el alma
peleando, tratando de ir y no volver, todo es recordable hasta el gusto de tus
labios, secos por el viento.
El aire, llenando de gotas de rocío los ojos, con el frío de los ríos en el rostro.Y todo te hace más frágil e invencible, mas más y no tanto restar que tenemos distancia para sumar. No te quiero encontrar allá, que tu lugar es acá, el mio no es fácil de ubicar. Debe ser que entro justo en el hueco de tus brazos, sostenida en tu pecho, dos almas cansadas de tanto apretar.
Muriendo y renaciendo en cada humo, volviendo a la sonrisa que perdura, la comisura. Vos intacto, brillando. Yo, movilizada, dejando de respirar dolor.
No se puede llegar si no partimos, si nos quedamos en el camino. Prefiero parar, mirar para abajo y llorar, después hay tiempo para remontar. Vemos caer las aguas nuevas y agotadas, el césped moldeado por nuestros cuerpos calientes, las hojas nos regalan su sombra hasta que se pose la luna, se refleje en tu mirada que no para de querer.
Descubriste tu alma y te siento dichoso de haberte encontrado con vos mismo, hay amor en cada suspiro desde que aparecimos, esa alma con color, temperatura y reciente exposición.
El aire, llenando de gotas de rocío los ojos, con el frío de los ríos en el rostro.Y todo te hace más frágil e invencible, mas más y no tanto restar que tenemos distancia para sumar. No te quiero encontrar allá, que tu lugar es acá, el mio no es fácil de ubicar. Debe ser que entro justo en el hueco de tus brazos, sostenida en tu pecho, dos almas cansadas de tanto apretar.
Muriendo y renaciendo en cada humo, volviendo a la sonrisa que perdura, la comisura. Vos intacto, brillando. Yo, movilizada, dejando de respirar dolor.
No se puede llegar si no partimos, si nos quedamos en el camino. Prefiero parar, mirar para abajo y llorar, después hay tiempo para remontar. Vemos caer las aguas nuevas y agotadas, el césped moldeado por nuestros cuerpos calientes, las hojas nos regalan su sombra hasta que se pose la luna, se refleje en tu mirada que no para de querer.
Descubriste tu alma y te siento dichoso de haberte encontrado con vos mismo, hay amor en cada suspiro desde que aparecimos, esa alma con color, temperatura y reciente exposición.
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