Es ajeno el lugar donde me encuentro hoy, es el mismo lugar que todos estos años: este cuerpo. Digo cuerpo no solo diciendo manos, piernas, piel o boca sino todo lo intangible pero sentible. Este esqueleto que encierra un alma ¿un alma? ¿la encierra?. Preguntas, ¿las ves? así todo el tiempo como la cantidad de cigarrillos en esta noche despejada. Sé cómo sigue esto, luego de cansarme de pensar y no dormir, huelo mi pelo y siento las colillas, mis manos y esa nicotina absurda pero compañera. Voy sintiendo como este cuerpo, el mismo de unos renglones arriba se hunde en no poder resistir un poco de humo más.
Volviendo a lo complejo (com-ple-jo), esta maquinita que no para, así piense en la orbe, así piense en los hipnotizantes ojos de un gato o cualquier acción placentera desconcentrante. Es sabido que los humanos nos preguntamos qué es lo que sucede después de este habitar, transitamos un cuerpo, mil y miles de sentimientos repartidos en pocas palabras, sentimos un abrazo y un dolor, nos entendemos y desentendemos con otras pieles. Un día llega algo que te lleva sin importa los pesos en tu bolsillo, la miseria compartida, el beso enamorado, la caricia de mamá, el perro de tu infancia, la música en tus oídos, quien sos NO-IMPORTA-NADA ya no estás, no existís, NO-NADA ¿y ahora qué?. Los que quedan, siguen con eso de los siglos, la historia, la evolución, la extincion de especies, el tiempo y el aire.
Pero y el cuerpo que vivió, sintió, eligió, amó, habló, viajó, leyó y cuántos "ó" más..
¿Cómo se supone que se vive después de preguntarse esto reiteradas veces?
¿No es bastante con cortarnos el cordón umbilical y llorar desgarradamente apenas empezamos?
-cerrandosemisojosporquealfinllegóelsueño-
¿Cuánto movimiento más tengo que ser?
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