El cielo estaba oscuro, cerrado. Yo me encontraba un tanto desabrigada en una casa de algún alguien.
el frío no se sentía porque la cantidad de gente y humo hacía todo muy denso. Compartíamos picos de botellas que se vaciaban con la misma facilidad que un perro busca caricias. En un momento de total desfiguración, caminaba por un pasillo largo, lleno de ojos y risas forzadas hasta que al fin pude salir a la calle, sin luz, sin calor. Camine, camine de muchas maneras, lento y con la cabeza a gachas, rápido y con el cuello dado vuelta. Una taquicardia me hace sentir el frío en los huesos, parecían eternas esas pocas cuadras suburbanas. Mis manos congeladas no lograban colocar la llave en la ranura que cada vez se hacía más pequeña y lejana. El ascensor me mostró mi mirada, las mil yo que estaban dando vueltas en estos ojos intentando focalizar. (monstruo)
La segunda puerta se comportó mejor, me hizo más sencillo el trámite y logre abrir sin sentimientos, hasta que entré. El calor acumulado por el calefactor fue el culpable o quizá había un calor insoportable adentro mio. Comencé a sacarme las prendas y el piso me hablaba, me pedía que lo abrace y yo negada corrí a la habitación me tire a esa cama repudiable y hermosa, donde me hundía y donde me sentía protegida.
Llore, llore horas enteras, las sabanas teñidas por un rimel barato se miraban sin entender que le sucedía a esta
tonta-de-a-ratos.
Cuando calme mi llanto, puse música, la soledad me hablaba y se iba metiendo de a poquito por mi piel haciéndose parte de mi y yo parte de ella, les puedo jurar que ni siquiera me pidió permiso.
Todos esos fantasmas que caminan a la par de mi sombra, con sonrisas y palabras se acomodaban en algún lugar de este cuerpo. La respiración no pudo seguir mucho tiempo más, mis ojos parecían de vidrio y en algún que otro parpadeo suave, ese vidrio se rompía y caían las astillas tajeandome el rostro.
Por la ventana veía las luces de una ciudad, la densidad de un río contaminado, los edificios se movían al ritmo de la música, sonreí como cómplice de esa danza de cemento, volví a acostarme y recordé lo sola que estaba en el mundo.
Quería salir corriendo de este cuerpo que todavía no me pertenece
como-si-hubiera-algo-que-me-pertenezca.
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