domingo, 21 de junio de 2015

pertenencia

El cielo estaba oscuro, cerrado. Yo me encontraba un tanto desabrigada en una casa de algún alguien.
el frío no se sentía porque la cantidad de gente y humo hacía todo muy denso. Compartíamos picos de botellas que se vaciaban con la misma facilidad que un perro busca caricias. En un momento de total desfiguración, caminaba por un pasillo largo, lleno de ojos y risas forzadas hasta que al fin pude salir a la calle, sin luz, sin calor. Camine, camine de muchas maneras, lento y con la cabeza a gachas, rápido y con el cuello dado vuelta. Una taquicardia me hace sentir el frío en los huesos, parecían eternas esas pocas cuadras suburbanas. Mis manos congeladas no lograban colocar la llave en la ranura que cada vez se hacía más pequeña y lejana. El ascensor me mostró mi mirada, las mil yo que estaban dando vueltas en estos ojos intentando focalizar. (monstruo) 
La segunda puerta se comportó mejor, me hizo más sencillo el trámite y logre abrir sin sentimientos, hasta que entré. El calor acumulado por el calefactor fue el culpable o quizá había un calor insoportable adentro mio. Comencé a sacarme las prendas y el piso me hablaba, me pedía que lo abrace y yo negada corrí a la habitación me tire a esa cama repudiable y hermosa, donde me hundía y donde me sentía protegida.
Llore, llore horas enteras, las sabanas teñidas por un rimel barato se miraban sin entender que le sucedía a esta 
tonta-de-a-ratos. 
Cuando calme mi llanto, puse música, la soledad me hablaba y se iba metiendo de a poquito por mi piel haciéndose parte de mi y yo parte de ella, les puedo jurar que ni siquiera me pidió permiso.
Todos esos fantasmas que caminan a la par de mi sombra, con sonrisas y palabras se acomodaban en algún lugar de este cuerpo. La respiración no pudo seguir mucho tiempo más, mis ojos parecían de vidrio y en algún que otro parpadeo suave, ese vidrio se rompía y caían las astillas tajeandome el rostro.
Por la ventana veía las luces de una ciudad, la densidad de un río contaminado, los edificios se movían al ritmo de la música, sonreí como cómplice de esa danza de cemento, volví a acostarme y recordé lo sola que estaba en el mundo.
Quería salir corriendo de este cuerpo que todavía no me pertenece 
como-si-hubiera-algo-que-me-pertenezca.
Es ajeno el lugar donde me encuentro hoy, es el mismo lugar que todos estos años: este cuerpo. Digo cuerpo no solo diciendo manos, piernas, piel o boca sino todo lo intangible pero sentible. Este esqueleto que encierra un alma ¿un alma? ¿la encierra?. Preguntas, ¿las ves? así todo el tiempo como la cantidad de cigarrillos en esta noche despejada. Sé cómo sigue esto, luego de cansarme de pensar y no dormir, huelo mi pelo y siento las colillas, mis manos y esa nicotina absurda pero compañera. Voy sintiendo como este cuerpo, el mismo de unos renglones arriba se hunde en no poder resistir un poco de humo más. 
Volviendo a lo complejo (com-ple-jo), esta maquinita que no para, así piense en la orbe, así piense en los hipnotizantes ojos de un gato o cualquier acción placentera desconcentrante. Es sabido que los humanos nos preguntamos qué es lo que sucede después de este habitar, transitamos un cuerpo, mil y miles de sentimientos repartidos en pocas palabras, sentimos un abrazo y un dolor, nos entendemos y desentendemos con otras pieles. Un día llega algo que te lleva sin importa los pesos en tu bolsillo, la miseria compartida, el beso enamorado, la caricia de mamá, el perro de tu infancia, la música en tus oídos, quien sos NO-IMPORTA-NADA ya no estás, no existís, NO-NADA ¿y ahora qué?. Los que quedan, siguen con eso de los siglos, la historia, la evolución, la extincion de especies, el tiempo y el aire.
Pero y el cuerpo que vivió, sintió, eligió, amó, habló, viajó, leyó y cuántos "ó" más..
¿Cómo se supone que se vive después de preguntarse esto reiteradas veces? 
¿No es bastante con cortarnos el cordón umbilical y llorar desgarradamente apenas empezamos?
-cerrandosemisojosporquealfinllegóelsueño-
¿Cuánto movimiento más tengo que ser?

Palabrear

Puedo aquí comentarles, contarles y decirles que las amo.
Si, las amo.
Me fascinan, me parecen preciosas y precisas.
Tanto, que me gusta usarlas y regocijarme en ellas.
Tanto, que me haría un mar y naufragaría por cada una, buscando el significado.
Me gusta apropiarme por lapsos de mis favoritas, repetirlas.
Cambiarles de lugar las tildes, pasearlas entre comas, puntos y exclamaciones.
Lindo momento el de encontrar ocasiones fantásticas para darles uso.
Me gusta hasta enojarme conmigo cuando alguna de estas se esconde en la punta de mi lengua y no puedo decirla.
O por ejemplo, pasar por ese momento de vergüenza cuando mi garganta se traba y todas se van corriendo para que yo me quede muda.
Pero miren si las querré, que los diccionarios me parecen tesoros.
Miren si las quiero, que muchas veces invento nuevas o juego a cambiarles el significado.
¿Y los verbos? Ay que sería de mi sin ellos. 
Todo, absolutamente todo puede ser verbeable, así que por ende
no hay algo en el mundo que no se puede hacer, accionar.
Pero aquí también debo decirles que me parecen absurdas e innecesarias.
Con el perdón de los libros, con el perdón de los grandes escritores y oradores.
Con el perdón de la comunicación.
Son malas, y no hablo de las mal llamadas "malas palabras".
Todas son malas, porque nos condicionan porque se meten en lo más profundo de nuestra mente para dominarnos el ser.
Absurdas y tontas dejen de perseguirme.
El silencio comprende mucho más que todas ustedes 
pero irme con el, hacerlo parte de mi es decir 
todo lo que ustedes no me dejan.

miércoles, 18 de febrero de 2015

s e n s a c i o n a l mente


Mientras estoy apoyada en su pecho, levanto la mirada y observo 
esas pestañas largas y oscuras como las patitas de arañas, pero tiernas que acarician en el parpadeo mis mejillas y elevan lentamente una mueca asonrisada.
-Quizá inventar palabras es parte de este hormigueo en el pecho, que para describir, todos los diccionarios me quedan chiquititos y absurdos.- 
Las pestañas; que deciden abrirse, dejan al fin ver el diamante color tierra que me penetra y me toca el alma. Momento de magia, logrando así aliviar mis dolores y recibir fuerza para pasar y luchar las cosas más hirientes de este planeta.
Luego, como actividad posterior, sus brazos aprietan con la fuerza justa mi cuerpo que se deja llenar con la calidez necesaria que me transmite por su piel. 
Y ahí con sus labios de fruta, de a poco y sin apuro (aunque queriendonos lamer los rasgos) llena de color mis partes grises.
Cerrando los ojos, siento su respirar y empiezo a sentimientear plenitud.
Existe, es real o así parece. 
Abro los ojos, lo compruebo y vuelvo.
Dejando verbear el alma nos vamos durmiendo, escucho su
toc-
toc-
toc-
toc- 
que es mi canción de cuna hoy.
De lejos se escucha una vibración conjunta, como el galope de dos caballos libres, que van.
Y una brisa perfuma las pieles,
corazoneando
de
a
dos. 

sábado, 22 de noviembre de 2014

Pasar.

Hay una sensación suspendida en el aire, la expulso desde adentro y solo queda cerca mío para nunca terminar. ¿Cómo volarme la cabeza sin derramar sangre? Todos dicen que fue sin querer, que nunca es a propósito y como está reglamentado que la ilusidad me abarca, debo creer y confiar en esas palabras, tengo la obligación de perdonar, de que todo esté en armonía. Pero a propósito o sin querer, acá me arde, me duele y retuerce el no poder salir. Puedo hoy escuchar discos enteros, enterrar la cabeza en una almohada y fumar por la nariz pero en cuanto me descuide vuelve la sensación, la respiro y me sacude, me golpea, me llena de soledad. Seguramente tenes las agallas para decir que lo comprendes, que te pasó y que lo viviste y a mí eso en qué me ayuda si esta sensación es su culpa y es mía.  (Por lo bajo gritan que tampoco interesan los culpables) Mañana seguramente me sienta mejor pero que triste es saber  que aunque pase, nunca sanará. Mi cuerpo registra cada sensación, me hace recordar las heridas que dejé pasar sin sanar y puedo estar sentada en una silla mirando el mar a través de una ventana mental pero en algún lugar se encuentra y vuelve a florecer para remarcarme este pedazo de infelicidad que es mi carne. Alguien ya lo ha dicho.  Los cuerpos fríos después del desastre advierten todo mal, serás bueno, serás comprensiva, no tendrás la culpa de mi inestabilidad pero te grito y te ruego que me ayudes a salir, te encanta dejarme morir. Quiero encontrar un jardín, donde el pasto me refresque los pies y caigan sobre mi piel todos los pétalos y hojas sin que el árbol se quede seco. Quiero poder sentir la plenitud sin depender de un ser que razona, ni siquiera de mí. ¿Por qué no poder tener la autenticidad de aquella flor, perfecta y pura? Tus ojos no paran de juzgarme y el espejo me hace lo mismo. Tu boca ya no quiere inventar métodos para sentirme mejor y la mía ni siquiera tiene aliento. Me tiemblan las manos y en ninguna noche puedo dormir. Envidio las raíces de esa maceta, que están ahí sin que nadie las vea. Me pierdo en un delirio que solo tiene mi mente, no va más pero no puedo parar. ¡Dejen en paz al núcleo de la tierra! No intenten analizarlo ni querer llegar a él, está ahí, es real, disfrutando ser sin recibir, ni dar y estos descuidados se empecinan en saber más.  Como me gustaría ocupar su lugar. Hay una puerta que da al patio, una que da a un parral y otra en la que se vuelve al lugar actual.  No me quiero conformar y tampoco se cambiar, me encerraron el alma mucho antes de que supiera hablar. Otro más como Canterville ¿Cuántos hay? Me hablas a los ojos intentado hacerme creer, pero no me ves, nunca me viste.  ¿Será por mi falta de transparencia o por tu coraza espejada? No soporto las injusticias pero soy tan injusta y destructiva conmigo que por eso no te bancas mis contradicciones y te vas y me dejas. ¿Te olvidaste que las tuyas también existen? Ahora estoy tirada, con las mejillas saladas, mirando un punto en el espacio. Dura, fría y tenebrosa. Dejé la realidad y volé al interior de mi vientre. Lo cálido luego volverá a helarme los huesos. 

Presencia a la memoria.

Mi habitación,
sin dormir pensando en mañana.
Nuestros ideales,
pasiones
eran nuestros actos,
nuestra respiración.
Si algo estaba débil
nosotros nos multiplicábamos,
por la libertad.
Hacíamos,
pero a veces había miedo.
Si había que dar la vida,
estábamos dispuestos.
Afuera,
un Falcon verde.
Me despojaron de mi habitación,
de la vida.
Encerraron mi cuerpo.
Mis ideales no.
(Viven en vos)
Mi nombre, prohibido
no me nombres,
no te quiero acá.
Escribime en las paredes,
contale a todos,
memoria.
Apreté las muelas,
contuve dolor.
Pensé en mamá,
sabía que su lucha iba a empezar.
 No iba a entregar a nadie.
Me lastimaron,
pensando que ahí acaba el amor.
29999 más yo.
¿Subversión?
Rebeldía.
Revolución.
Un pueblo de pie,
sin olvidarnos,
luchando.


jueves, 11 de septiembre de 2014

ZzzzZ

Debería empezar.
Nunca sé cómo.
Nunca empiezo en el horario debido,
ni en el estado que se recomienda.
Pero a vos no te molesta.
Me dejaste como quiero.
Me  gusta tu voz, si.
Y tu manera de brillar.
Una locura que volando va, colocando mis pies en la tierra.
Y tus ojos delicados, que guardan todos mis secretos.
Adentro tuyo, mil maneras de asfixiarse, callarse.
Lo números caen desde lo alto, muy alto.
Se impactan en el suelo, los junto, los cuento,
los pinto.
Se aprieta tu piel contra la mía y la fuerza muscular
no une.
Se abren mis piernas y en efecto dominó mi boca, la tuya.
En cambio, los parpados se cierran.
El tacto se sensibiliza y todavía no aprendimos a comer.
Se bebe, se fuma.
Ya no se quieren porque hay más.
Menos mucho menos.
Confusión.
Afuera, el Sol
la lluvia
el viento.
Adentro, el calor
la humedad
las respiraciones.
Me voy, porque el reencuentro es fascinación.
Creemos entender, pero no son más que zapateadas en el pecho.
Ahora sí,  amo alucinar que me escuchas.
Hablo, se bebe y se fuma
Hablo, se vuelve a tomar.
Hablo, otra pitada más.
Hablohablohablo
Así se entiende la gente.
(NO, NO SIEMPRE)
Ahora que se abran mis oídos
Mis piernas se apoyan en las tuyas
y te escucho.
Quiero verte entrar, que te quedes.
Y que te vayas cuando eso te haga feliz.
Pero esta vez
no me olvido de la mía.
Anda,
cumplí,
hace
lo que te de la gana.

También (de algún modo)
va a estar
bien.